31 de mayo de 2017

La noche bajo el puente

La historia de como llegué a España a finales del verano del 2006 no la puedo contar; baste con mencionar que ese asunto tenía que ver con una mujer española, un hermano, unos mariachis, un kilo de jamón serrano “del de bellotas” y una decisión de esas que te cambian la vida.

Quedamos que esto sucedió a finales de septiembre del 2006, más o menos por la fecha en que se celebran las fiestas de nuestra Señora de la Merced en Barcelona. El verano ya era historia y los primeros días del otoño se dejaban sentir un poco fríos. Era mi primera vez en España, a esas alturas del viaje, después de casi cuatro semanas de largas caminatas y con muy pocos euros en la billetera, ya me estaba preguntando: –¿Qué carajos hago yo aquí? – En este punto del viaje; ya no había hermano, ni mujer española, ni mariachis, había perdido como ocho kilos de peso en esas cuatro semanas y sólo me quedaban como 150 gramos del kilo de jamón. ¡Ve a Barcelona! Decían. ¡Será divertido! Decían…

La razón por la que quedaban pocos euros del presupuesto fue que en las dos semanas previas, me había dado vida de viajero conocedor por ciudades como Madrid, Toledo, Segovia y Granada. Por ejemplo: gasté €220.00 en el kilo de Jamón “del de bellotas” entre otras delicadezas. Aún así, evaluando que las posibilidades de volver a España, por no decir volver a Europa, eran pocas, decidí que no podía regresar a México sin haber visitado Barcelona.

Ese fue uno de esos viajes en dónde no llevaba “el librito” así que solo la cultura general, unas referencias de algunas personas que recientemente habían estado en la ciudad y los consejos de mi apá, que había visitado Barcelona en tiempos en que Copito de Nieve aún vivía, eran mi única guía de turistas. Recuerdo que tomé un autobús que tardó toda la noche en llegar desde Madrid; hicimos una parada en Zaragoza a eso de las 2:00AM, de 30 minutos más o menos, para comprar chucherías en una gasolinera de esas de carretera que cuentan con servicios y cafetería; me compré dos Bollycaos y café, suficiente para llegar a desayunar. Llegamos a destino e inmediatamente me puse en marcha con dirección de La Sagrada Familia; esa famosa catedral, ahora basílica, que Gaudí comenzó a construir en 1882 y que según las últimas proyecciones ya casi acaban (2026). Caminaba sin mucho rumbo, de repente estaba frente a Casa Batlló y seguía caminando por La Rambla, recorriendo el barrio medieval, regresaba y daba vueltas tratando de grabar en la memoria todo lo que veía; edificios, calles, gente etc. Me encontré con el lugar que se convertiría inmediatamente en mi favorito de todo Barcelona: “La Boquería”; estaba tan extasiado y hambriento, que me olvidé por completo de tomar fotografías. Subí al Parque Güell, baje hasta la torre de Colón y de ahí al muelle olímpico ¿se acuerdan de Barcelona 92?  Comenzaba la tarde y ya con algunas ampollas nuevas en los pies y después de haber acabado con los últimos 150 gramos del jamón, me di cuenta que tal vez sería buena idea ir buscando dónde pasar la noche.

La Boquería, Barcelona, España. 2006


¡Qué bonitas las fiestas de la Merced en Barcelona! ¿no? Claro; mucho entretenimiento y fiestas y celebración y todo muy lindo... El único problema es que en esas épocas de fiesta, la ocupación hotelera está al 100% y no encontré habitaciones (dentro del presupuesto) en hoteles ni hostales, una bonita experiencia que resulta de aventarse como el Borras a la aventura. Caminé por horas hasta que cayó la noche, fría y lluviosa noche. Habiéndome dado cuenta que había fracasado en la búsqueda de cobijo y techo, no tuve más remedio que resistir los azotes de la noche a la intemperie, sin dinero y en una ciudad desconocida.

Después de la función de media noche en los cines del Maremagnum en la Rambla Marina, recuerdo que entré a ver Nacho Libre con doblaje español, , paseé por el muelle y me recosté en una de las bancas con la esperanza de ver el amanecer por el mar Mediterráneo, esperanza que se vio frustrada por unos agentes de la guardia civil que me dijeron amablemente que no podía pasar la noche en esa banca. Creo que mis cobijas de periódico y mi vasito de “donaciones” no les cayó como muy en gracia.

En el parque de la Plaza de Cataluña aún había gente que salía de los bares, algunos estaban ya muy enfiestados y la lluvia ligera no parecía molestarles. La vida nocturna venía a menos y a eso de las 3:30 a.m. La plaza estaba casi desierta. Al fin encontré un refugio en un portal de un edificio cercano, no recuerdo exactamente en que calle, pero lo que sí recuerdo es que había un mercado ambulante de libros usados. Estaba yo acomodando mis periódicos, cuando una persona de seguridad de la feria se me acercó y me preguntó algo con voz muy grave y en catalán que, obviamente, no entendí.  Habiéndole aclarado mi falta de dominio de la lengua local, el agente me repitió lo mismo, solo que más despacio y con mejor articulación en sus palabras, como si yo fuera alguien que no hablase español; porque resulta que el tipo si hablaba en español, solo que con un acento que jamás había escuchado.

El tipo de seguridad ha de haber medido mas o menos entre 1.70 y 1.75m. el tono de su piel era claro pero como muy quemado por el sol, con el cabello de color indefinido por lo corto que lo llevaba; no era rubio pero tampoco completamente oscuro, sus facciones eran duras, serias. De complexión más bien delgada, se me figuraba a uno de esos personajes de relleno en una película tipo mafia rusa. Calculo que tendría entre unos 33 y 35 años. Entonces nos sentamos a platicar,  poniendo especial esmero en comprender el acento medio francés medio árabe de un inmigrante argelino. Le conté que yo venía del lejano país de México, que me encontraba de visita en la ciudad por primera vez, que no había previsto la cuestión de las fiestas de la Merced y por lo tanto me había quedado sin un sitio para pasar la noche. Asintió, como comprendiendo la falta de previsión. Él por su parte, me contó que tenía pocos meses en España, que había llegado desde Argelia porque las cosas en su país estaban difíciles y decidió emigrar a Europa desde el norte de África para buscar una oportunidad en la vida. Me dijo que estaba agradecido con Alá por estar vivo y haber encontrado ese trabajo temporal como guardia nocturno de los puestos del mercado de libros; y también que gracias a Alá coincidimos esa noche. Me dijo que si quería descansar y dormir un rato bajo ese portal podía hacerlo, el estaría pendiente de mi para que nadie se me acercara a robarme o robar mi mochila mientras yo durmiera. La verdad es que yo estaba muy cansado del ajetreado día y aunque tenía cierto temor de dormir en la calle, por aquello de que me robaran el pasaporte o los pocos recuerditos que ya llevaba en la mochila, decidí aceptar su oferta, a cambio de sus servicios le obsequié el resto de mi cajetilla de cigarros que me agradeció efusivamente.

Desperté a eso de las 7:00 o 7:30, Mi amigo argelino estaba haciendo su ronda entre los puestos de libros y me acerqué para despedirme. Es costumbre en mi familia llevar algunos detalles de México: llaveros o pines con la bandera, de sombrerito o de calendario azteca para obsequiarlos a modo de agradecimiento por algún favor recibido. Es un detalle que siempre sorprende a quien los recibe. Le deje un llavero con un sombrerito charro y la bandera de México que le gustó mucho. Nos despedimos y me recomendó una cafetería para desayunar algo bueno y barato muy cerca de la plaza de toros.  Agradeciéndole de nuevo, me dirigí al lugar indicado. No fue muy difícil encontrar el restaurante porque seguí todas las indicaciones paso a paso, aunque si me lo preguntan, hoy en día no sabría como llegar.

Me senté en la barra para ordenar el desayuno; se escuchaba una versión de la "La Luna y el Toro" en la radio y me sirvieron un par de huevos con chorizo, tostadas con mantequilla y café. Mientras comía, tarareaba la melodía y me miraba en espejo del otro lado de la barra; veía mi imagen sucia y desaliñada, falta de sueño y pensaba: “¿Qué tal si, cuando cuente esta historia, cambio el portal del edificio por un puente o algo así?” acabé con el desayuno y emprendí la marcha para continuar mi recorrido por Barcelona.

Catedral de la Sagrada Familia. Barcelona, España 2006

28 de febrero de 2017

Viajar a la aventura... o mejor según el librito.


A la gente le gusta viajar. Bueno, a la mayoría de la gente le gusta viajar; conozco un par de bichos raros a los que no les gusta y no me lo explico, pero allá ellos. Para la mayoría de las personas, viajar significa: dejar la rutina, salir a orearse, conocer mágicos lugares, deleitar el paladar con comidas exóticas, llenarse de espiritualidad, y para algunos, hasta descansar. Se acerca la semana santa, y con ello:  vacaciones. Espero que ya tengan listos sus “flotis”.

¿Que pasa cuando nos dirigimos a un lugar que no conocemos? Podemos hacer dos cosas: la primera es ir en papel de Indiana Jones, es decir, de explorador. Lo cual está bien. Llegar a un lugar sin saber a ciencia cierta cual es plan a seguir, sin un orden preestablecido de lugares a visitar, es lo más cercano a vivir una auténtica aventura a lo salvaje.

Ventajas de ir en pos de la aventura: La sensación de descubrir un lugar por ti mismo es increíble. Caminar por las calles que no destacan en los mapas turísticos es fantástico, así puedes conocer a la gente en su verdadero hábitat. Puedes ver que cosas guardan en sus patios, como son los edificios de departamentos, puedes comprar en las tienditas de la esquina auténticos productos de uso diario, ver que animales tienen en sus corrales. A algunos hasta les gusta platicar contigo de lo relevante del barrio, y si tienes suerte, hasta te invitan una cerveza en el bar de la localidad.

"Camina por la nieve", decían "será divertido." decían...

Desventajas de ir en pos de la aventura: puedes terminar perdido en medio de la nada (entiéndase nada, como un camino en el que llevas 3 horas de recorrido a  y no ha pasado un auto) o puedes llegar a la fiesta del pueblo, y todo es muy bonito hasta que descubres que no hay camas disponibles en ningún hotel ni hostal, y terminas durmiendo solo bajo el puente o en su defecto en una banca del parque. Lo cual, ya en la perspectiva que te da el tiempo, también es divertido. Incluso puedes llegar a una ciudad y confiar en que el taxista te va a llevar a tu hotel. Cuando te das cuenta son las 4:00AM estas del otro lado de la ciudad y con $40 dólares menos. “Yo se a donde tu vas amigo!”.
-12°C

Y en segunda podemos tomar la opción de lo que yo llamo: El método del librito
Para algunas personas eso de lanzarse a la aventura no es lo suyo. Su padecimiento de trastorno obsesivo compulsivo no permite que algo esté fuera de control. Y entonces elaboran planes cuidadosos y cronometrados al dedillo. Ok, tal vez no padezcan de trastorno obsesivo compulsivo, pero les gusta viajar con conocimiento de causa. Antes de emprender su viaje se informan de que lugares visitar, como llegar, en que horarios y cuanto cuesta el ticket para acceder al museo, zoológico o parque recreativo. Afortunadamente hay gente que pertenece al grupo de los aventureros que escribe para el grupo de los que siguen el librito. Podemos encontrar reseñas de viajes en revistas, periódicos, blogs, páginas especializadas como www.tripadvisor.com.mx y por último las famosas y muy, muy, muy útiles Guías de Viaje.
Digamos que estos cuates hacen el trabajo duro para que nosotros, los que no somos tan aventados, podamos disfrutar de igual forma. Estas guías por lo general tienen recorridos armados para todos los presupuestos, con la historia detallada de los lugares más icónicos, sitios de interés general, información sobre como utilizar el transporte público; los hoteles y restaurantes de 1 a 5 estrellas, etc. Insisto para todos los presupuestos.  Respecto a estas guías, se de mucha gente que las coleccionas y como todo material de lectura, con la suficiente imaginación, viajan a esos lugares. Por ejemplo: Aunque tal vez nunca vaya en mi vida al país de Jordania, se que autobús tomar para visitar la capital de Nabatea, Petra.  

Existe una tercera opción, pero esa ya se las recomiendo para su jubilación, se trata de viajar en grupo dentro de un tour que les hace todo el itinerario y les da sólo 5 minutos para tomarse la foto en el Partenón en Atenas o en la Torre Eiffel en Paris. A algunos les funcionará esto, a mí no.

He tenido la oportunidad de viajar en las dos modalidades: en modo explorador (con noche bajo el puente incluida) y con “El método del librito” y con ambas he aprendido mucho de los lugares que he visitado, he conocido mucha gente y sobre todo, me he divertido como chiva loca en cristalería (debe ser divertido no lo nieguen).

Para conocer más sobre guías de viajes no dejen de visitar:


Nota: Esta publicación está basada en otra que también escribí yo, en otro tiempo, en otro lugar.

9 de febrero de 2017

Aves salvajes.

Estaba yo encamorrado cerca de las 10:30 a.m. en un día feriado. No tenía pensado levantarme temprano, no antes de las 11:00 al menos. Así que tomé la iPad para continuar la lectura que había interrumpido en la madrugada, cuando el sueño por fin venció a mi interés por saber que pasaría con el caballero Rassendyll y enterarme si lograba su plan para salvar al Rey prisionero o no. La ventana de mis aposentos está orientada hacia el poniente, por lo tanto, la luz matutina entra más bien por el otro lado del departamento. A esas horas del día, lo que mejor entra por mi ventana es el habitual ruido del tránsito en congestionamiento: motores de autos acelerando, cláxones, sirenas de patrulla, ambulancia y/o bomberos, camiones de pasajeros, microbuses a gas LP en buen estado (que son muy ruidosos) y otros que requerirían de una revisión exhaustiva para pasar la verificación vehicular en los talleres de la Secretaría del medio ambiente (que son aún más ruidosos). También entra esmog, polvo/tierra y si los semáforos se coordinan en rojo, el ruido cesa unos segundos y se puede escuchar el gorjeo de las palomas que viven en el distribuidor vial, a unos ocho o diez metros frente a mi ventana. Ahí, entre las uniones de las “ballenas” en el distribuidor, se refugian las palomas salvajes (Columba livia domestica). Ellas hacen sus nidos en los huecos del puente y llenan de heces los grandes pilares de concreto, los autos estacionados debajo y si tienen suerte, atinan a algún transeúnte de los que caminan 5 niveles más abajo, al nivel de la calle.
 
Extraño visitante.
Usualmente la convivencia entre palomas y humanos está limitada a los espacios públicos: parques, iglesias y plazas; casi nunca convivimos en lugares ajenos a estas demarcaciones, no nos invadimos mutuamente, digamos que nos respetamos. De esta forma, el acuerdo tácito es: nosotros las dejamos vivir en nuestras ciudades y ellas no se cagan en nuestras casas. Así estaba entonces, recostado en la cama, cuando la división entre el “hábitat” natural de estas aves y la civilización se volvió una frontera meramente cartográfica. La transgresora, obviamente sin una visa adecuada, se presentó en mi ventanilla. Lo primero que se me ocurrió al ver a esa ave en el alféizar fue pensar en que el Espíritu Santo llegaba hasta mí para hacerme saber que sería padre... yo no escuché o “sentí” mensaje alguno proveniente de la paloma (¿o palomo?), lo cual fue un gran alivio; solo para confirmar, tome el celular para enviar un mensaje preguntando si todo había estado en orden con “Andrés”. Después de recibir la merecida mentada de madre por andar preguntando si habíamos salvado “el honor de la familia” el ave siguió en su sitio. Nos observamos mutuamente, el ave pendiente de cualquier movimiento brusco, yo cuidando de no moverme. No sé si les ha pasado, cuando la curiosidad dicta: no te muevas y vemos que pasa. La segunda idea que me vino a continuación fue pensar que en cualquier momento el ave comenzaría a gritar “Nevermore”; como en “El Cuervo”, famoso poema de Edgar Allan Poe. Pero afortunadamente no fue así, porque ya sabemos todos como terminó el protagonista de ese poema, y además, porque no hay un busto de diosa greco-romana en la habitación, elemento imprescindible para que suceda lo planteado en la escritura de Poe.

El pequeño descendiente de dinosaurios amenazó con atravesar la ventana y acabar con todo residuo de alimentos disponible. Supongo yo que cualquier persona en la misma situación (menos un colombicultor) hubiera pensado que, de algún modo, la paloma percibiría el peligro o temor que generamos como especie humana en los animales y se alejaría volando por donde llegó; contra toda suposición, no solo no sintió temor, sino hasta un poco de valor. Posándose sobre el edredón, la paloma superaba así sus propios miedos y temores, entrando en un espacio habitado completamente por humanos consciente plenamente del peligro de ser devorada por algún felino doméstico; que de existir, seguramente estaría tragando atún en algún lugar de la cocina, completamente despreocupado de atender a sus instintos de caza en un día feriado, o para mostrar empatía con su dueño, en cualquier otro día.
 
Ave salvaje invadiendo habitat humano.
Con la distancia entre ambos reducida a meros centímetros, la paloma y yo nos vigilábamos el uno al otro. Pensaba que, a la mejor estaba alcanzando ese estado zen de grandeza espiritual, donde la mente se hace una con el universo, el cuerpo uno con la naturaleza y los animales se acercan sin temor a compartir la creación con un ser elevado. Hice rpidamente.
o uno con la naturaleza. repase grandeza espiritual en dondeo asinte por humanos.ápidamente un resumen de lo acontecido en las últimas semanas, y no, no hay manera de que la paz espiritual hubiera llegado mágicamente a mi vida. Descartada la posibilidad de mi elevación espiritual, alguna razón debía haber para que la paloma se hubiera decidido a entrar en mi habitación, claro, sin previa invitación. La siguiente especulación sobre los motivos de la presencia del ave, fue que tal vez el espíritu de Don José Alfredo, después de cantar, berrear y chillar tantas veces Paloma Querida, al fin se apiadaba de mi y me enviaba un emisario del más allá para advertirme de los peligros y consecuencias del abuso de bebidas alcohólicas. Y sucedió lo que evidentemente tenía que suceder, o acaso ¿alguien ha visto que pasen más de diez minutos sin que una paloma se cague?

Las deyecciones verdiblancas sobre el edredón café chocolate (regalo de la abuela) fueron motivo suficiente para romper con todo acuerdo de paz entre la representación misma de la paz y mi persona. En medio de un torbellino de plumas y aleteos alcancé a tomar al ave por la parte posterior del cuerpo, sujetando entre mis dedos las alas en la forma correcta para evitar dañar sus alas (casualmente acaba de ver un documental al respecto) y así poder arrojarla con toda confianza por la ventana, seguro que emprendería vuelo apenas salir del edificio. ¡A volar!!!

¿Dónde quedo wally?
Nota: Edgar Allan Poe escribió un magnífico poema que todos conocemos, “The Raven” o “El Cuervo”. Se dice que la inspiración le vino por la admiración que Poe sentía por “Grip” el cuervo parlanchín de Charles Dickens; que a su vez lo inmortalizó como la mascota de uno de sus personajes: Barnaby Rudge, en la novela del mismo nombre en 1841. A la fecha, Grip pasa el resto de sus días como animal disecado y como uno de los tesoros literarios de la Free Library of Philadelphia.




 

26 de diciembre de 2016

Una no muy feliz navidad.

Lo que van a leer a continuación es una historia real, una historia de esas navidades que nadie quiere recordar y sin embargo se vuelven inolvidables . No me pasó a mí, es más, ni siquiera la escribí yo; digamos que es un post “invitado”. Le estoy prestando mi espacio a alguien a quien a pesar de no haber visto hace muchos años, es una voz crítica y constante en la elaboración de mis propios escritos. Esta vez es su voz la que quiero compartir. La situación es, hasta cierto punto común. Y dado que a veces necesitamos hacer catarsis de una u otra manera; esta es la suya…

Me han pedido omitir nombres para no herir susceptibilidades. Por mi parte solo puedo decir que: "Sé que allá en donde esté, lo van a extrañar y va a ser recordado con mucho cariño" Mi más sincero pésame a la familia.



"Eres muy grinch" es una frase que suelo escuchar mucho en estas fechas. Quien me conoce, sabe que mi "grinches" no se limita a la época decembrina. Mi "grinches" es un estado permanente, con vigencia para los 365 días del año. No me gustan las “fechas especiales", me da igual si es Navidad, San Valentin, Día de las Madres... es más, me da igual incluso mi cumpleaños.

Hoy me encuentro en un funeral, y acabo de descubrir que mi "grinchés" incluye funerales.

Y es que no logro comprender, así como cuando es una fecha especial, muchos se esfuerzan por dar un gran presente, que sea costoso (aunque sea completamente inútil o sea algo que no tiene nada que ver con tu personalidad y es que, obvio, en realidad no te conocen), si no puede ser costoso, entonces que sea vistoso, que se vea que le echaron ganitas pues, y no, no estaría mal, si estos grandes detalles que estallan en un día, se dosificaran en pequeños detalles cada día.

Así mismo pasa en los funerales, al rededor de la caja se llena de flores, arriban familiares y conocidos que tenían años de no acercarse y me suena más absurdo aún cuando dicen -"¡Uuuyy! ¿cuántos años teníamos que no nos veíamos?", "es una pena que nos volvamos a encontrar así", "ya no lo alcance" y antes de hoy, todo era "no puedo", no tengo tiempo, esta muy lejos, es muy difícil para mi... la próxima semana voy...ahora si", bla, bla, bla.

Pero hoy es una "fecha especial", hoy es día de despedir a ese ser querido, aunque sea solo el puro cascarón, porque ese cuerpo que está ahí, ya no oye, ya no siente, ya no puede ver. Pero no importa, porque hoy; hoy es un día especial, así que compran el arreglo más bonito, y pasan a ver el ataúd, y le hablan... algunos lloran, toman asiento, beben café... vuelven a acercarse al ataúd y lo miran como... como... no sé... ¿esperando qué? qué les diga "hola, ¡qué bueno que veniste, oye!" "¡que detallazo las flores!" "Aquí voy a estar un rato ¿eh?, pasa por favor ponte cómodo" y al final pasan a despedirse, cuando en vida no fueron capaces de pasar a saludarle.

Hoy es un día especial, pero no para el anfitrión, él ya ni siquiera esta aquí. Hoy hay flores, hay gente conviviendo pero, a quién le hubiera gustado ver a todas estas personas reunidas, ya no está, hace un rato que se fue; dejó ese cuerpo cansado que muchos de los que están ahora aquí, despreciaron cuando aún tenía aliento. Entonces, ¿qué sentido tiene?


A mí no me gustan las flores, prefiero los tacos al pastor, el 10 de mayo me gusta que me dejen dormir hasta tarde y me lleven a desayunar, en San Valetín no es relevante recibir un regalo o una muestra de amor o amistad, esas las espero cada día. En mi cumpleaños y aniversario de bodas me gusta que quién se acuerde lo haga porque lo tenía presente y no por que "el face" se lo recordó y si me felicitan, lo valoro un montón, y no, no es necesario un regalo... Y el día que me muera, que hagan lo que les de la gana, ¡total yo ya ni voy a estar! Eso sí, exijo que si me incineran, echen mis cenizas en un par de maracas por que lo mío, lo mío es la irreverencia y la pachanga... y por cierto cuando me convierta en un ser de luz regresaré a electrocutar a algunos… nomás por fregar.