26 de diciembre de 2016

Una no muy feliz navidad.

Lo que van a leer a continuación es una historia real, una historia de esas navidades que nadie quiere recordar y sin embargo se vuelven inolvidables . No me pasó a mí, es más, ni siquiera la escribí yo; digamos que es un post “invitado”. Le estoy prestando mi espacio a alguien a quien a pesar de no haber visto hace muchos años, es una voz crítica y constante en la elaboración de mis propios escritos. Esta vez es su voz la que quiero compartir. La situación es, hasta cierto punto común. Y dado que a veces necesitamos hacer catarsis de una u otra manera; esta es la suya…

Me han pedido omitir nombres para no herir susceptibilidades. Por mi parte solo puedo decir que: "Sé que allá en donde esté, lo van a extrañar y va a ser recordado con mucho cariño" Mi más sincero pésame a la familia.



"Eres muy grinch" es una frase que suelo escuchar mucho en estas fechas. Quien me conoce, sabe que mi "grinches" no se limita a la época decembrina. Mi "grinches" es un estado permanente, con vigencia para los 365 días del año. No me gustan las “fechas especiales", me da igual si es Navidad, San Valentin, Día de las Madres... es más, me da igual incluso mi cumpleaños.

Hoy me encuentro en un funeral, y acabo de descubrir que mi "grinchés" incluye funerales.

Y es que no logro comprender, así como cuando es una fecha especial, muchos se esfuerzan por dar un gran presente, que sea costoso (aunque sea completamente inútil o sea algo que no tiene nada que ver con tu personalidad y es que, obvio, en realidad no te conocen), si no puede ser costoso, entonces que sea vistoso, que se vea que le echaron ganitas pues, y no, no estaría mal, si estos grandes detalles que estallan en un día, se dosificaran en pequeños detalles cada día.

Así mismo pasa en los funerales, al rededor de la caja se llena de flores, arriban familiares y conocidos que tenían años de no acercarse y me suena más absurdo aún cuando dicen -"¡Uuuyy! ¿cuántos años teníamos que no nos veíamos?", "es una pena que nos volvamos a encontrar así", "ya no lo alcance" y antes de hoy, todo era "no puedo", no tengo tiempo, esta muy lejos, es muy difícil para mi... la próxima semana voy...ahora si", bla, bla, bla.

Pero hoy es una "fecha especial", hoy es día de despedir a ese ser querido, aunque sea solo el puro cascarón, porque ese cuerpo que está ahí, ya no oye, ya no siente, ya no puede ver. Pero no importa, porque hoy; hoy es un día especial, así que compran el arreglo más bonito, y pasan a ver el ataúd, y le hablan... algunos lloran, toman asiento, beben café... vuelven a acercarse al ataúd y lo miran como... como... no sé... ¿esperando qué? qué les diga "hola, ¡qué bueno que veniste, oye!" "¡que detallazo las flores!" "Aquí voy a estar un rato ¿eh?, pasa por favor ponte cómodo" y al final pasan a despedirse, cuando en vida no fueron capaces de pasar a saludarle.

Hoy es un día especial, pero no para el anfitrión, él ya ni siquiera esta aquí. Hoy hay flores, hay gente conviviendo pero, a quién le hubiera gustado ver a todas estas personas reunidas, ya no está, hace un rato que se fue; dejó ese cuerpo cansado que muchos de los que están ahora aquí, despreciaron cuando aún tenía aliento. Entonces, ¿qué sentido tiene?


A mí no me gustan las flores, prefiero los tacos al pastor, el 10 de mayo me gusta que me dejen dormir hasta tarde y me lleven a desayunar, en San Valetín no es relevante recibir un regalo o una muestra de amor o amistad, esas las espero cada día. En mi cumpleaños y aniversario de bodas me gusta que quién se acuerde lo haga porque lo tenía presente y no por que "el face" se lo recordó y si me felicitan, lo valoro un montón, y no, no es necesario un regalo... Y el día que me muera, que hagan lo que les de la gana, ¡total yo ya ni voy a estar! Eso sí, exijo que si me incineran, echen mis cenizas en un par de maracas por que lo mío, lo mío es la irreverencia y la pachanga... y por cierto cuando me convierta en un ser de luz regresaré a electrocutar a algunos… nomás por fregar.

15 de diciembre de 2016

Willi Mangler, Berlín.

Estación de tren Berlin-Schöneberg

… entonces me preguntó:
– ¿Y ya aprendiste a decir algo?
– Ya aprendí a decir “gracias” y “por favor”. Llevo apenas un par de semanas de viaje, visitando distintos lugares, castillos, museos, monumentos, etcétera. No tengo excusa, pero eso es todo lo que he aprendido. – Respondí a Gabrielle.

Lamento no haberle pedido que se tomara una fotografía conmigo, pero en ese momento no se me ocurrió. La verdad estaba pensando en cómo llevarla a la cama, y me preguntaba qué sería lo correcto, ir a su departamento o a mi hotel. De tener una foto sería más fácil describirla. En mis recuerdos Gabrielle, es una mujer madura de edad un poco incalculable, muy atractiva, de cabello oscuro y ojos azules, apenas mayor que yo por unos pocos años. Se notaba la reciente aparición de esas arrugas cerca de los ojos y algunas canas que evidenciaban claramente su experiencia en la vida. De figura conservada y si, como todas las alemanas que vemos en esas fotos del Oktoberfest, con unos senos enormes.

 Estaba yo de viaje, recorriendo Alemania, a finales del 2013 cuando llegué a Berlín la noche de un tres de diciembre. Eran casi las diez y yo tenía un hambre atroz. Tenía tanta hambre que mi  mejor opción era encontrar un restaurante abierto, llenarme de cerveza local y olvidar que tenía hambre, mi plan usual para viajes de “poco presupuesto”. Como ya mencioné, llegue un poco tarde a la ciudad ya había pasado la hora del check in de mi hotel, El Citi Inn (dos estrellas, Hauptstr. 113-115, Tempelhof-Schöneberg, 10827 Berlín, Alemania). Al no haber avisado de mi retraso, amablemente me llamaron por teléfono para avisar que mi llave estaría disponible en el hookah lounge de la planta baja.  El tren llegó a la estación Berlin-Schöneberg y desde ahí debía caminar unos 500 metros hasta el hotel. Definitivamente no estaba en la mejor zona de la ciudad, no había autos de lujo y los edificios en su mayoría se veían algo descuidados y sucios. Llegué al bar en dónde se supone tendrían mi llave, un lugar a media luz con neones en las paredes, sillones bajos, acojinados, mucho, mucho humo con aroma a tabaco dulzón y como a 5 tipos de origen árabe sentados alrededor de una mesita compartiendo una gran shisha. Sentí que se incomodaron al verme entrar, ese no era un lugar para turistas. Los salude con una inclinación de la cabeza, enunciando el mejor “guten tag” que pude. El encargado del lugar salió por detrás de una cortina que separaba el salón de la cocina/bodega y me saludó en alemán, preguntándome, creo yo, cómo podía ayudar. Le contesté que lamentablemente no sabía hablar alemán, y le indique que buscaba el Hotel Citi Inn, también mi nombre y el número de reservación. Se quedó pensando, mirándome, como tratando de descifrar que acababa de decirle. Algo dijo a los parroquianos, que hasta ese momento seguían la conversación con interés. Luego volvió a dirigirse hacia a mi, e hizo un gesto entre no te entiendo y no puedo ayudarte. Preocupado, saqué de mi mochila la hoja con el número de reservación y se la extendí. La tomó, la revisó, me la devolvió e hizo el mismo ademán de no entiendo y/o no puedo ayudarte.  “Qué bien” pensé. Otra noche más para dormir bajo el puente (a -4°C, nevando). Llamé por teléfono al contacto que me había avisado que mi llave estaría disponible en ese lugar para explicarle la situación, me dijo que no preocupara y que lo arreglaría en un  minuto. Ahí estaba yo en la puerta del barecito con las miradas recurrentes de 5 árabes incomodos por mi presencia, cuando sonó el teléfono del local. El tipo que anteriormente me había dicho que no me entendía, hablaba, yo supongo, en árabe con la persona del teléfono. Cuando colgó se acercó a mi y me extendió la llave, y con señas me indicó el pasillo al fondo del edificio y me informó que debía ir al piso tres. Respiré profundo, “al menos por esta noche no habrá cama bajo el puente, ni nieve.” Pensé al subir por elevador.


Berliner Kindl Weisse
Dejé mis cosas en la habitación y decidí salir a buscar comida y cerveza, más cerveza que comida. Unos cuantos pasos más adelante del hotel, alcance a ver un restaurante-bar aún abierto. Al llegar a la esquina de Hauptstraße y Koburger-straßse alcancé a ver el letrero del restaurante “Willi Mangler” enmarcado entre dos logotipos de Berliner Kindl, lo cual me pareció buena señal. Entré al lugar y el ambiente me tomó por sorpresa. Dos parejas de avanzada edad compartían un mesa, estaban cenando y conversaban algo acerca del partido de futbol que se veía en las pantallas, uno de ellos usaba bigote blanco, largo y tupido, en un estilo que me recordaba las pinturas de los antiguos generales del ejercito alemán durante la 1ra guerra mundial; el juego era entre el Borrusia Dortmund y el Saarbrucken. La música provenía de una rockola, dos tipos con pinta de motociclistas estaban poniendo rock de los 70’s y 80’s. La decoración del “Willi” lo hacía parecer un antiguo pub de puerto, algo cercano al mar, con mobiliario de madera “gastada”, una barra de unos seis metros de largo con las estanterías de licores en la parte posterior; enmarcado por una colección de unos 20 relojes de pared y la carta de las distintas cervezas de la marca Berliner Kindl. Unas tres personas ocupaban bancos en la barra, dos hombres y una mujer. Los tres conversaban con el tabernero; estando en Europa, viajando de una ciudad a otra por tren, albergándome en hoteles de dos estrellas o menos, ese lugar definitivamente me parecía una taberna de esas antiguas que aparecen en los libros. Las paredes atestadas de baratijas y antigüedades como carretas y barquitos de madera, canastos de mimbre, pinturas, premios de caza, títeres, etcétera. Me pareció un lugar muy agradable, acogedor. Me senté en la segunda mesa de la izquierda, de espalda a la ventana y junto a uno de los árboles de navidad; repasé la lista de cervezas que se podía leer encima de la barra, me decidí por la cerveza de trigo (€ 2.30) y un plato de tres bockwurst. Gol del Borrusia Dortmund. Terminé de cenar y pedí una segunda cerveza, ahora una pilsner. Seguí viendo el partido, el Borussia era la nueva sensación; la temporada anterior había llegado a la final contra el Bayern Munchen después de muchos años de no conseguir nada en la Bundesliga.

En eso estaba cuando la mujer me gritó en español desde la barra “¡Salud mexicano!” con una “Coronita” en la mano.  Sorprendido y un tanto desconfiado (la última vez que alguien me había gritado “mexicano” en Europa, me robaron cuarenta euros) le devolví el saludo y brindé con ella. Con una leve inclinación hacia el banco que estaba a su lado en la barra me invitó a tomar asiento, mientra las otras dos personas con quienes estaba platicando momentos antes, seguían en lo suyo.
– ¿Tanto se me nota? Lo mexicano digo. –le pregunté en español.

– No hablo español, solo un poco. –Me contestó en alemán. Yo le repetí la misma pregunta en inglés, añadiendo que yo no hablaba alemán.

– Si. –dijo riéndose. – El acento es inconfundible. Me llamo Gabrielle. ¿Cuál es tu nombre?

– Mi nombre es Angel. Mucho gusto. ¿Así que conoces México? –pregunté.

–He estado en Cancún, es muy bonito. –Me dijo. Yo sentí ese orgullo que nos da cuando nos dicen que México es bonito, creo que tienen razón y que a veces a nosotros mismos nos cuesta un poco de trabajo reconocerlo.

  Si lo es, ¿algún otro sitio que hayas visitado?

– Tulum, Playa del Carmen, Cozumel e Isla Mujeres. ¿Tu que haces tan lejos de casa?

– Vine de trabajo hace un par de semanas y me quede a vacacionar, no había estado en Alemania antes.

Entonces me preguntó:
– ¿Y ya aprendiste a decir algo en alemán?
– Aprendí a decir “gracias” y “por favor”. Llevo apenas un par de semanas de viaje, visitando distintos lugares, castillos, museos, monumentos, etcétera. No tengo excusa, pero eso es todo lo que he aprendido. – Respondí a Gabrielle.

 – “Ich Liebe dich.” –dijo.

– ¿Perdón?

– “Ich Liebe dich” quiere decir: “Yo te amo”; qué raro que no sepas, es lo primero que aprenden los mexicanos a decirnos a las alemanas que vamos a Cancún. Eso y “Hast du Sex mit mir?”

­Seguimos platicando de Alemania, de México, Gabrielle me invitó una cerveza alemana, le devolví la invitación con una “Corona”. Mientras platicaba con ella, me estaba haciendo a la idea de cómo sería en la cama, estábamos flirteando abierta y descaradamente, obvio llegamos a ese punto donde hay que actuar para tomar las oportunidades de la vida… Y pasó mi oportunidad, no supe en que momento, después de un rato la conversación se tornó en como la distancia estaba matando su noviazgo. Pablo (llamémosle Pablo, ya que no recuerdo su nombre real) Venezolano o colombiano (tampoco lo recuerdo) tenía 3 meses en su país y debía esperar seis meses para que la embajada liberara su visa de residente. Según Gabrielle, Pablo tendría unos 28 años, 6 menos que yo en aquél entonces, eso nos da unos 15 o 18 menos que Gabrielle. Mientras tanto otra mujer de edad mas avanzada aún, con el cabello casi en su totalidad blanco, el rostro lleno de arrugas, muy delgada, de casi un metro ochenta con botas y chamarra de cuero negra, se acercó a saludarnos. No me enteré que se dijo de mi al respecto, la recién llegada rió, me sonrió y después pidió una cerveza al tabernero, se entretuvo platicando con él, terminó su cerveza mientras fumaba un cigarro y se fue. En ese momento noté que Gabrielle era casi de mi estatura y llevaba zapatos bajos; decidí retomar el camino del flirteo, ¿Cómo iba yo a perderme esta oportunidad?
Gaststätte Willi Mangler 
Pero ya era demasiado tarde, Gabrielle invitó a nuestra conversación a uno de los viejillos de las dos parejas que estaban en una mesa cenando cuando yo llegué y que se quedaron platicando, en lo que a mi parecer era una reunión habitual. El señor me saludo amablemente en Español. Me dijo que era una especie de agregado en la embajada de Alemania en Venezuela, tenía una carrera diplomática de más de 20 años que en ese momento de la Historia Universal se encontraba en peligro; Chávez acababa de morir a inicios de año y Maduro estaba formando su propio gobierno. Ya sabemos como acabó todo eso al día de hoy. Gabrielle se disculpó en parte porque no entendía mucho de nuestra conversación en español y porque debía ir al tocador. “Realmente es muy atractiva” pensaba yo mientras el viejecillo me decía:

– ¡Mira bien ese gran culo! tengo al menos siete años tratando de llevármela a la cama y la muy creída no se deja.

No dije nada. “Viejito cabrón” pensé.  Cuándo se dio cuenta de que tal vez sería ella la que me llevaría a mi a la cama no desaprovechó la oportunidad de “hacerme mosca”. Gabrielle regresó solo para despedirse, intercambiamos teléfonos y correo electrónico escritos en comandas que nos proporcionó el tabernero, guardé sus datos en la billetera. Nos dimos un abrazo de despedida y dos besos a la mejilla, como estilan los europeos, el aroma de su perfume, mezclado con el alcohol y el tabaco se quedaron impregnados en mi memoria. Prometimos llamarnos la siguiente ocasión que regresara a Berlín o que ella viniera a la Ciudad de México. Gabrielle y su 1.83 m de altura abandonaron el “Willis Mangler” pasadas las dos de la mañana, tal vez decepcionada de que esa noche dormiría sola y con frío.

El Borrusia Dortmund ganó el juego dos goles a cero al Saarbrucken.

Dos días después, de camino hacia la ciudad de Köln, me robaron (perdí, se me cayó, no supe ya dónde quedó…) la cartera y nunca más volví a saber de Gabrielle. Al parecer Venezuela (o era Colombia) tienen latinos más ardientes que México.



16 de enero de 2016

... del por qué tengo que aprender francés - parte II



– Je ne parle pas français. pardón, ¿parle vous le espagnol?

Ya lo había dicho antes, debo aprender francés. Pero uno es necio. Venía yo caminando por una de las calles del barrio de Montmartre, Rue Caulaincourt cuando me encontré una bonita librería de segunda mano, de esas que abundan en París... neta abundan. Aquí fue cuando recordé eso de aprender a hablar francés:

– ¿Ru Culericu?, ¿Claouricu? ¿Clericot? mmta madre! ¿cómo demonios se pronuncia?

Según mi historia personal, en la escuela secundaria yo elegí Francés como segunda lengua. Supongo que alguna vez observé a mi querida hermana sufrir con el verbo "to be" y por eso me alejé del idioma inglés en cuanto lo tuve enfrente. Quiero creer que Madame Sonia, la profesora de francés, estaba orgullosa de mí, siempre me pasaba al frente para exhibir ante mis compañeritos mi excelente pronunciación, que como todo, a falta de práctica, olvidé con el tiempo.

Iba yo en que venía caminando por París, pensando en lo afortunado que era por recorrer esas calles con tanta historia, en la ciudad donde han vivido tantos y tantos artistas, pintores, escritores, escultores y también cocineros, porque si algo hay reconocerles a los franceses, es su cocina. Recién había probado el "Confit de canard" que es algo así como muslos de pato conservados en grasa y después cocinados en su propia manteca. ¡Delicioso! Al menos recordaba que pato en francés se dice canard.
Me encontré con la bonita librería, que en México también conocemos como "Librerías de viejo". Montones de libros, así como en la calle de Donceles en el Centro. La mayoría de los libros (obvias razones) en francés, pero también había muchos en ruso, árabe, otros pocos en portugués, italiano y los menos español e inglés. En fin, no solo soy necio por no haber aprendido francés, también por no hacer caso a la recomendación de no comprar libros mientras ando en la vacación, siendo que estos suelen ser muy pesados e invariablemente tendría que pagar cargos por sobre-equipaje. La verdad es que no creo tener una buena justificación, por eso mejor apelo a su amable comprensión; "Le Grand Livre du Canard Gras: 140 recettes terroir" o algo así como: El gran libro del pato gordo: 140 recetas locales. ¿De verdad? Pregunto yo, ¿de verdad podrían haber resistido la tentación de adquirir este tesoro culinario por solo 5€? la verdad yo no pude. ¡San Google Translator ayúdame!

Libro del Pato Gordo
Ahora si no tengo pretextos, debo aprender francés... y a guisar pato en más de 140 formas diferentes.

Muy contento por mi compra, seguí caminando admirando la arquitectura, la extraña disposición de las calles, donde cada dos o tres cuadras hay una glorieta, o una plaza, o una fuente, un monumento o una escultura. Recuerdo que estaba viendo un aparador cuando una chica con antifaz me tocó el hombro y me pregunto: 
– Excusez-moi, cela vous dérangerait si je fais d'une entrevue à propos de super-héros?
Creo que solo le entendí "Disculpa" y "superhéroes"...
– Je suis désolé, Je ne parle pas français.
Esta era mi muy practicada respuesta, siempre que alguien me preguntaba por alguna dirección o me pedían dinero y quiere decir, Lo siento, no hablo francés.  
–  ¿Parlez-vous le espagnol?
– No.
– ¿Parlez-vous anglais?
– A little.
Y entonces más o menos me explicó que ella estaba haciendo entrevistas para su canal de youtube sobre superhéroes y que si no me importaba contestar unas preguntas. "Tendrá que ser en inglés si no te importa". Siendo honesto, me hubiera gustado mucho haberle contestado en francés, aunque fuera con ese acento chilango que nos distingue e identifica cada que abrimos la boca en cualquier parte del mundo. Les voy a dejar por aquí el video del programa, salgo como dos veces haciendo el rídiculo, pero qué le vamos a hacer...  En una de esas se me ve la calva (min 3:11 y no podía faltar el café).
 
Por cierto, me enteré que se llamaba Louise Tapine hasta que me llegó el e-mail de la entrevista. 

Louise Tapine # 5 SUPER-HEROS


13 de enero de 2016

La Cháchara


Puesto de chácharas en La Lagunilla
Cháchara
Del it. chiacchiera, en pronunciación infl. por ciacciare.
1. f. Conversación frívola.
2. f. coloq. Abundancia de palabras inútiles.
3. f. pl. Baratijas, cachivaches.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados.

Ya que nos pusimos de acuerdo, ahí va la mía. 

Cháchara: Dícese del Tianguis (mercado sobre ruedas) especializado en baratijas, cachivaches, chúnches, mugres y demás basura que a algunas personas les da por coleccionar y/o acumular. En estos "Mercados de Pulgas" (nombre que se les da a nivel global) uno puede encontrar cualquier tipo de producto u objeto nuevo, usado, robado o abandonado. Literalmente cualquier cosa: granadas de fragmentación de la 2da Guerra Mundial, productos de higiene personal, animales disecados, animales vivos (mascotas y de granja), autos, partes de autos, autos en partes, refacciones, herramientas, muebles, muebles viejos, antigüedades, alimentos empacados y enlatados, juguetes y una vez vi en un puesto una botella de cognac francés de 1789 de dudosa procedencia. 

Vengo de una familia de acumuladores, pero ese ya es otro boleto. Desde que yo era pequeño, ir a la cháchara me ha generado gran emoción; no saber que voy a encontrar, o que me va a gustar o que voy a querer comprar simplemente por su aspecto, o su utilidad, o porque simplemente "lo necesito" (referencia a mi acumulador interno) despierta en mí una gran curiosidad. Muchas veces, la gran mayoría, de hecho, uno va a la cháchara buscando algo que hace falta o que se necesita para arreglar algo y por alguna extraña razón, o no hay ese objeto, no es la medida, no fue el vendedor que lo siempre lo vende, u otro comprador se lo llevó dos minutos antes. Así es la cháchara.

Algunas son muy organizadas, donde los puestos están más o menos ordenados por secciones, otras son tan grandes que se vuelve imposible recorrer todos los puestos en un solo día. El tianguis de "La San Felipe de Jesús" en la Ciudad de México, presume de ser el más grande de América Latina con más de siete kilómetros de longitud y treinta mil comerciantes, y neta no lo acabas en un día. Otras son de mucha tradición como el tianguis de la "Lagunilla" reconocido por sus antigüedades e historia, así como grandes personalidades que lo visitaron; María Félix y Mario Moreno "Cantinflas" entre ellos.  Muchos objetos del Museo del Estanquillo salieron de este lugar gracias al afán de coleccionar chácharas del cronista Carlos Monsiváis.

"La Cháchara" corre fuerte en mi familia, mi padre la tiene, mi abuela la tiene, yo mismo la tengo... y supongo que algún día mis hijos la tendrán.

Aquí unas notas sobre las chácharas arriba mencionadas

San Felipe de Jesús - La Jornada 2007
La Lagunilla
Caos e ilegalidad - El Universal

y aquí un mapa de ubicación con las principales Chácharas del DF.

La Guía de Chácharas

5 de agosto de 2015

¡Feria de Pueblo!

“Y su grito, como los cohetes que tanto nos gustan, sube hasta el cielo, estalla en una explosión verde, roja, azul y blanca y cae vertiginoso dejando una cauda de chispas doradas.”

Octavio Paz.
 “El laberinto de la soledad”.

Estaba yo el otro día recordando a Octavio Paz. Más bien, recordando algo que escribió Octavio Paz, porque yo al señor, ni lo conocí. En uno de sus libros más emblemáticos: “El Laberinto de la Soledad”, Don Octavio, a través del ensayo, trata de elaborar una identidad del Mexicano, entre el mito nacional y la realidad de 1950, que no es muy diferente a la de nuestros días. El capítulo “Todos Santos, Día de Muertos”, está dedicado a las fiestas mexicanas. Por un lado, dice, tenemos las fiestas nacionales (la del Día de la Independencia, la de la Batalla del 5 de Mayo, Día de Muertos, la de la Virgen de Guadalupe, etc.) dónde todos nos emocionamos o por lo menos disfrutamos del “puente”;  y por el otro, dice que cada ciudad o pueblo tiene su fiesta particular, la fiesta del gremio predominante del sitio, o la del Santo Patrono, que se festeja con devoción y regularidad. Creo que la última vez que asistí a una de estas celebraciones, fue un día de muertos por allá por 2009 cuando fui a Mixquic; recuerdo que la tragadera fue estupenda, atole de amaranto y tamales para el desayuno y en la comida un puesto de garnachas anunciaba: Filete de venado estilo Yucatán; que por el precio y sabor, dudo mucho que fuera venado. Hace pocos días, tuve la gran alegría de visitar de nueva cuenta una de estas ferias y no les voy a negar que la pasé increíble. Música, juegos mecánicos, gente, y hasta una banderilla con papas fritas.

En tres días comienza “oficialmente” la Feria de Huamantla en Tlaxcala (del 6 al 23 de Agosto), digo oficialmente porque al momento de escribir estas líneas, me encuentro en el hotel que está junto a la Basílica de Nuestra Señora de la Caridad, en el centro del poblado y la fiesta ya se siente con mucho ambiente. Como veo difícil conciliar el sueño, a pesar de la hora (12:25 am), decido dar un paseo por los alrededores. Se respira lo que estoy seguro muchos mexicanos reconocemos como “ambiente de fiesta”; huele a algodón de azúcar, a pan de pueblo, esquites, tamales, cerveza, antojitos y se escucha el repicar de las campanas de la iglesia, acompañadas de cuetones y la brillante luz de los fuegos artificiales ilumina con distintos colores las caras sonrientes de todos los asistentes a la “tradicional serenata” a la Virgen de la Caridad. En realidad creo que el sonriente soy yo… Hace frío pero a los devotos parece no incomodarles, mucho menos a las decenas de parejas que están bailando al ritmo de cumbia del Grupo SuperKids. ¿Saben? Dudo mucho que a la Virgen de la Caridad le guste la cumbia, además, ni las mañanitas le tocaron.  ¿Y yo? Yo sigo sonriendo, mientras observo la creación de una nueva alfombra floral en el atrio de la basílica.


En Huamantla cada año durante la noche del 14 y hasta la madrugada del 15 de agosto se celebra La Noche Que Nadie Duerme. Cuenta la historia que esta tradición, aunque se celebraba la procesión de la Virgen desde el siglo XIX, fue hasta 1943 (después de todo el relajo que se hizo en México por La Guerra Cristera), que se comenzó a elaborar los coloridos tapetes de flores, aserrín y arena para engalanar los pasos de la Virgen por las calles del pueblo. Gracias a esta celebración, entre otras tradiciones, Huamantla se hizo con el reconocimiento del programa de la Secretaría de Turismo “Pueblos Mágicos”. La Celebración sigue al día siguiente con la Huamantlada. Dónde los valientes (y algunos borrachos) arriesgan su vida durante el encierro de toros de lidia, a modo de las mismísimas fiestas de San Fermín en Pamplona, España. Es curiosa la forma en que la gente del lugar percibe la corretiza como “buena o mala”. El año pasado no estuvo muy buena la corrida. No hubo heridos ni muertos.  Pero hace dos años hubo tres muertos y no se cuantos lastimados, estuvo buenísima, me dijo uno de los habitantes del pueblo. Su comentario me recordó el accidente que tuve con “Bailaor” y de cómo me prometí jamás volver a torear. (http://dudangel.blogspot.com/2011/09/de-heridas-y-cicatrices.html)

Celebremos las fiestas! Conservemos las bonitas tradiciones del Pan de Pueblo, los elotes cocidos, los juegos mecánicos y los besos bajo los fuegos artificiales…